Jorge Lombardero Álvarez
Sobre el libro de Antonio Cabral Chamorro, Socialismo utópico y revolución burguesa: el fourierismo gaditano, 1834-1848, Diputación Provincial de Cádiz 1990, 194 páginas.
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Antonio Cabral |
Hasta esta obra los autores que han tratado el tema del furierismo en España, desde Juan Díaz de Moral, hasta Bernaldo de Quirós y Núñez Arenas, pasando por Práxedes Zancada, Francisco Mora, Juan José Morato y Marvaud, se limitaban a reproducir lo dicho por Fernando Garrido en su Historia de las clases trabajadoras:
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Juan Diaz del Moral |
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Joaquin Abreu |
Además de los trabajos citados, su interés por los asuntos del campo gaditano se concretó en su iniciativa de crear un museo agrario en el I.E.S. Santa María de Hungría de Jerez de la Frontera, donde trabajaba. El profesor Antonio Cabral impulsa este proyecto en 1994, al conseguir la cesión de diversos aperos y maquinaria de labranza, labor que le sería reconocida póstumamente al ser bautizado dicho centro como: Museo Antonio Cabral de Tecnología Agraria. Pero no sería esta la única muestra de agradecimiento de sus paisanos al esfuerzo de Antonio Cabral por divulgar el pasado de su tierra, sino que a su muerte se celebró un encuentro de historiadores en Jerez de la Frontera en Homenaje al Profesor Dr. Antonio Cabral Chamorro (1998), y se editó el libro Panfletos y Materiales. Homenaje a Antonio Cabral Chamorro, historiador 1953-1997 (Trebujena 1999), con trabajos principalmente de profesores de la Universidad de Cádiz, institución que junto con el Ayuntamiento de Trebujena estableció en su memoria el Premio de Investigación Histórica Antonio Cabral Chamorro.
La tesis de Antonio Cabral, respecto del socialismo utópico en España, sostiene que mientras que en Inglaterra y Francia éste aparece y se desarrolla cuando ya está consolidada la revolución burguesa y existe un grado considerable de desarrollo industrial, en nuestro país su recepción coincide con la tarea de liquidación del régimen señorial (libertad de industria, desamortización de la tierra, &c.). Dándose, además, una clara diferencia dentro de España entre el caso catalán y el gaditano. En Cataluña, la existencia de un sector industrial de cierta entidad, explicaría la inicial difusión en esta región del sansimonismo, que no llegó a cuajar por la debilidad de los sectores más dinámicos de la burguesía, y el mayor éxito de las doctrinas de Cabet, por dirigirse a las aspiraciones de los artesanos y obreros, por defender el desarrollo industrial y comercial, así como por reclamar el derecho a la igualdad social para la clase trabajadora. En cambio el predominio de la agricultura en la provincia de Cádiz, daría lugar a que el socialismo utópico llegara de la mano de una burguesía comercial y profesional, seguidora de las ideas de Carlos Fourier. El pensamiento de Fourier había atraído en Francia, más a los profesionales de la burguesía que a los trabajadores, a los que por otro lado nunca se dirigió, sino que Fourier siempre trató de incorporar a sus filas a las clases cultas de la sociedad y a los mismos gobiernos. Joaquín Abreu, era uno de estos burgueses ilustrados capaces de acercarse al furierismo, ocasión que se le presentó durante su exilio francés, en el que conoció al propio Fourier y los primeros experimentos de ingeniería social que más adelante trataría de ensayar en España.
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Proyecto de Falantesrio en El Tempul -Jerez de la Fra.- |
El libro se completa con unos apéndices, donde se dan a conocer artículos hasta entonces inéditos de Joaquín Abreu; y el documento Proyecto de Falansterio para el sitio de Tempul (1841), en el que Manuel Sagrario de Veloy se dirige a las autoridades pidiendo apoyo público para su realización, cuya transcendencia consiste en que: «Trata nada menos, que de averiguar hasta que punto puede mejorarse la condición moral y física de la especie humana, oponiendo a la vez un dique a las guerras, a las revoluciones, y a los motines. Es la empresa más santa de cuantas han podido imaginarse; pues sus beneficios deben alcanzar, no a un solo pueblo, provincia o nación, sino a la humanidad entera, sin que la cueste una gota de sangre, ni una lágrima.»
Y por último reproduce un retrato de Joaquín Abreu que localizó en Cádiz en 1983, en la casa de una anciana sobrina-nieta de éste. Retrato que sería muy difundido a partir de entonces, sin citar muchas veces su procedencia, de lo que se queja Antonio Cabral, en la segunda nota de su artículo «Los repartos de tierras municipales en los siglos XVIII y XIX» (Aljaranda 12, 1994), donde escribe: «No hace mucho que me tropecé con la agradable sorpresa de ver parte de mi libro Socialismo utópico y revolución burguesa: el fourierismo gaditano, 1834-1848 , extractado por J. Navarro Cortecejo para la revista Aljaranda 7 (1992). Y ese mismo año recogía María Francisca Cortés Melgar en su artículo 'La vida y la muerte en Tarifa en la primera mitad del siglo XIX', publicado como suplemento de Almoraima 7 (1992) la foto de Joaquín Abreu que tanto me costó localizar y que di a conocer en mi libro citado, si bien la autora no especifica su fuente.»
En cuanto a la interpretación del furierismo gaditano, la postura de Antonio Cabral difiere de la de autores anteriores, siendo a nuestro juicio la suya más acertada. Según Maluquer de Motes (El socialismo en España 1833-1868, Barcelona 1977) al furierismo español le faltó capacidad de aplicación autónoma y original, pero esto no quita que mantuviese una línea clara y decidida contra los privilegios de la burguesía: así Abreu sería un socialista que ha denunciado el carácter opresivo de la sociedad capitalista, y comprendido la explotación del proletariado industrial y la lucha de clases. Mientras que para Antonio Elorza, si bien proponer a la altura de 1848 la creación de falansterios suponía perder todo contacto con la realidad social, el furierismo actuó con un alto grado de lucidez y coherencia crítica. En cambio para Antonio Cabral todos los furieristas son miembros de la clase dirigente. Entre ellos no hay ningún artesano, ni pequeño campesino y mucho menos jornalero alguno. Todos provienen de las filas liberales y participaron en las luchas políticas del periodo (Guerra de la independencia, Trienio liberal, &c.), sin darse nunca una ruptura entre el liberalismo de su juventud y su posterior socialismo, pues colaboraron siempre con las filas políticas liberales. Además su «fe» socialista fue acompañada siempre por el realismo de los sólidos hombres de negocios y terratenientes que eran. Su «fe» falansteriana no los llevó, como señala Cabral, a lanzarse por los campos y ciudades a propagar la buena nueva, ni les hizo emprender proyectos imposibles y mucho menos arriesgar ni un céntimo propio, aunque disponían de recursos para hacerlo. Y por último, y lo que es más importante, esta primera generación de furieristas gaditanos no llegó a romper con los ideales anclados en el siglo XVIII y permanecieron fieles a una visión ilustrada del mundo. Esto hizo que el movimiento histórico los relegara al más completo de los olvidos y a que en ocasiones ellos mismos se olvidaran del mundo en que vivían, como se aprecia cuando se lanzan a perorar contra la industria y la técnica como creadoras del paro cuando en Andalucía y Cádiz la miseria, más que consecuencia de la industrialización y de la técnica, probablemente fuera el producto de la ausencia de éstas. Por ello, habría que esperar, como señala Antonio Cabral, a que nuevos hombres como Fernando Garrido, Ramón de Cala, Rafael Guillén, y otros se encargaran de adecuar las viejas ideas a las nuevas realidades.
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